14 horas son muchas horas. El vuelo se nos hizo eterno. Y al llegar faltaba el control de extranjeros, suerte que nos tocó un chaval latino muy majo que hablaba español y no nos hizo preguntas raras. En nuestra anterior visita a EEUU, Sandra no tuvo tanta suerte con su entrevistador...
El primer hito era recoger el coche de alquiler. En principio puede parecer un trámite, pero nos hacia mucha ilusión porque habíamos pillado uno tamaño "americano"... para no desentonar.
Firmamos todos los papeles y, a diferencia de España, donde te toca el que te toca, te dicen que vayas al parking y que cojas el que quieras (dentro de tu categoría claro, que la tienen indicada en paneles). Así que fuimos echando el ojo a alguno que otro y al final de la fila había un Chevrolet Suburban. Me extrañó porque es muy muy grande, asientos de piel... y suponíamos que era clase premium, asi que fui a preguntar y efectivamente. Pero la chica, muy maja, me llevó a otro parking donde habia alguno más, y allí estaba... nuestro Jeep Grand Cherooke gris oscuro. La compañía es National, nos pareció que estaba muy bien.
Entre las dimensiones del carro, el tráfico de LA y el rollo de la conducción automática estaba algo tenso, pero como todo, se le acaba pillando el truco.
Y es que después de circular unas pocas millas por Los Angeles te das cuenta de que aquí ningún coche es demasiado grande. Y también entiendes porqué a los americanos se les pone cara de pomelo cuando les hablamos del protocolo de Kyoto.
Hay tráfico denso pero se va fluido. Además, por ser dos en el coche podemos usar los carriles de rombos (pool car lane).
Hace un par de años estuvimos en Nueva York y se notan pequeñas diferencias. Los Angeles es más "americano" (p.e.: en nuestro hotel sigue habiendo una biblia en el cajón, la dimensión de los coches, el look de la gente,... ese tipo de cosas). Nueva York está más próximo a Europa.
Al llegar al hotel resistimos la tentación de tumbarnos en la cama a dormir, y fuimos a dar una vuelta por el downtown. La verdad es que no es un paseo que valga la pena. No tanto por la arquitectura, sino por el "ambiente". No apetece pasear por el centro de Los Angeles a partir de las 20h.
Así que buscamos un sitio para cenar algo ligero y encontramos un japo delicioso: Octopus.
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No deja de ser un japo más, aunque estaba muy bueno y hacían platos muy interesantes. Era la primera noche y cómo no, nos pasamos de frenada con las raciones. Por 31 dólares (+ propina) nos pusimos las botas y estaba todo riquísimo! Nos sobró muuuuucha comida. Como sabéis, aquí siempre puedes pedir que lo que sobra te lo pongan en un tupper para llevar.
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